martes, 25 de febrero de 2014

Tragar smog para siempre es peor idea de lo que crees.

Yo hablo mucho sobre la horrible situación del país en el que vivo muy a menudo, sí, correcto, Venezuela, pero realmente nunca me había puesto a pensar en lo que sería estar atrapada aquí. Cómo pasó con la srta. Cuba.

¿A que viene esta entrada, Alejandra, cuéntanos?: Pues, hace poco estaba pensando en las veces que he ido a Europa, y que allá en realidad, puedes respirar hondo sin toser. Aquí tragar smog es el pan de cada día, y por supuesto que Venezuela tiene cosas maravillosas, pero el caos que se ha impartido a través de estos quince años no es nada agradable; la verdad es bastante molesto que tu mamá te recuerde constantemente: Yo a tu edad... (Agregue cosas cómo: Iba a la escuela caminando y nadie me violaba en la calle. Iba en autobus y metro y nadie me veía con cara de pederasta buscando sexo. Mi mamá me daba un medio (que era la mitad de un bolívar) y le compraba el desayuno a mis papás y a mis hermanos; y así continúa con un larguísimo etcétera). Y me dieron ganas de vivir en esa Venezuela inexistente de fantasías en la que si se te pinchaba un caucho, los vecinos de la zona te daban café y otro caucho, es más, te ayudaban a montarlo en el auto, pero no.

Hoy, también, las aerolíneas que quedan en Venezuela (A dar ejemplos cómo: Tap Portugal, Lufthanza, Air America, entre otras) están esperando una acta firmada y sellada por las compañías de los países de dónde vienen para no servir más al pueblo Venezolano. ¿Pero qué significa ésto, Alejandra, cuéntanos?.
Bueno, mis queridos: Significa que somos Cubazuela y que no vamos a poder salir del país.

Tan claro como el agua limpia y no sucia que ustedes toman desde sus acomodadas casas y apartamentos en otros países. (Y si eres venezolano y estás leyendo, ven acá hermano, déjame darte un abrazo, te comprendo, en serio.)

Lamento mucho, realmente, tener que usar mi lado inerte y cínico para escribir ésto. Pero acá si te pones a pensar en lo triste que es aquello y lo otro. Lloras, punto.

Lloras porque vas al supermercado y no hay harina, ni café, ni azúcar, ni leche (ni siquiera en polvo), ni masa de hacer torta, ni galletas, y sólo hay helado importado de Ecuador y Argentina, y el de ecuador lo venden señoras que tienen suficiente dinero para importarlos ellas mismas.
Lloras porque no sabes si cuándo salgas a la calle al instituto vas a volver a casa para almorzar, y si llegas considérate el ser más suertudo en toda la tierra y sus alrededores.
Y por sobre todo, lloras porque después de ahorrar tanto para ese carro tan guay, ultra mono, Dios muero por él. O literalmente, mueres por él (Todo tipo película, lo estrenas y viene en su motocicleta un tío y te dice: "Ésto es un asalto, dame todo y sal del carro" y se pira.), o, cuándo lo vayas a comprar te dicen: "¿Un toyota?, se fueron del país, lamentamos las circunstancias."

De nuevo lamento esta entrada tan melancólica, pero el único sitio que nos queda para quejarnos de nuestras incertidumbres es el internet (mientras el gobierno no se entere y nos expropie bloquee el blog), y ustedes dirán: Patrañas, no les harán nada si intentan arreglar la situación.


Si de verdad piensan lo que acabo de escribir en negrita, sólo me queda reír y rezar porque Alá, Dios o un ateo que por la gracia divina les quite la ignorancia no sé cómo.

Gracias por leer, y aunque no lo crean, les quiero.
*Nótese porque digo que soy española y digo cosas cómo: Guay, mono, tío, tía, cojones, joder, la puta, estoy como cabras, ya dejo de escribir groserías... Adiós*

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